Terapia de Pareja

La terapia de pareja puede salvar relaciones en crisis, cuando sus miembros buscan ayuda a tiempo.

No es necesario esperar que el amor se acabe para tomar la decisión de acudir a una terapia.

Entre Alessandra y Fernando había una permanente disposición al diálogo, pero a pesar de ello tenían serias dificultades para lograr acuerdos. Alessandra, feminista de origen italiano, se sentía a menudo irrespetada por la escasa colaboración de Fernando en las cosas del hogar, y Fernando, a pesar de que reconocía el rezago machista de su crianza, le pedía un poco de paciencia porque no le resultaba fácil cambiar de la noche a la mañana.

Al cabo de dos años de relación, él estaba convencido de que los oficios de la casa estaban más repartidos que al comienzo, pero el ritmo de los cambios era tan lento, que ella dudaba de la voluntad de su pareja para construir una relación más igualitaria y, en consecuencia, creía que le faltaba amor. Enfrascados en discusiones cada vez más acaloradas, Fernando pensó que era necesario acudir a una especie de árbitro, pues aparte de las diferencias naturales había un choque cultural que enredaba aún más el asunto.

La pareja decidió consultar a un terapeuta, el psicólogo se dio cuenta de que en el conflicto había responsabilidades compartidas y tras varias sesiones logró que la pareja le diera una segunda oportunidad a la relación. Las cosas funcionaron sólo seis meses y hoy Fernando, recién separado, cree que buena parte del problema fue haber buscado ayuda cuando los problemas ya habían hecho una especie de metástasis en otros aspectos de la relación.

Si bien la terapia o la asesoría pueden ser caminos para aliviar las cargas, recomponer estructuras y definir el futuro de un matrimonio, la dinámica de una pareja es tan compleja, que identificar cuándo y por qué hay problemas no es sencillo, como tampoco es fácil saber cuál es el momento adecuado para consultar. Sin embargo, como lo advierte Yolanda Salamanca, psicóloga clínica y sexóloga: "No hace falta que el amor se acabe para tomar la decisión de acudir a una terapia".

Signos y síntomas

Cuando en una relación algo anda mal, hay indicadores que deben interpretarse como signos de alerta a los que hay que ponerles atención. "Esos llamados síntomas o manifestaciones disfuncionales suelen ser la incomunicación, diferencias en las expectativas del uno y del otro frente a la relación, el manejo del presupuesto, la expresión de los sentimientos y el manejo de los hijos", dice la terapeuta Nelly Rojas en su libro La pareja, cómo vivir mejor.

Una señal de advertencia puede ser el hecho de que a pesar de que pasan tiempo juntos no hacen nada en común. Por ejemplo, si llevan más de un año sin compartir una actividad como salir a comer, bailar o hacer deporte, la pareja debe preguntarse por qué no lo hacen, cuáles son las circunstancias o excusas para no reservar tiempo sólo para los dos.

Por su parte, el psicólogo Luis Eduardo Carillo, especialista en desarrollo familiar de la Universidad de la Sabana, considera que, además de la falta de diálogo, hay factores como las diferencias culturales -caso Alexandra-Fernando- que pueden salir a flote cuando la pareja no logra establecer criterios para llegar a acuerdos. "Hay tradiciones que significan diferencias entre los dos -asegura Carrillo-. Si no logran expresar lo que creen y, sobre todo, si no llegan a un acuerdo, uno de los dos va a sentirse insatisfecho o incluso puede callarse indefinidamente frente al tema".

También es conveniente prestar atención a expresiones como "Te noto extraño/a" o "Últimamente estás muy callado/a". Suenan a frases de cajón pero pueden ser indicio de distanciamiento. No hay señal, por pequeña que sea, que no lleve implícito el mensaje de que algo está fallando. Por eso, una pareja que se quiere y percibe alguno de estos síntomas debe parar las antenas y hacer algo al respecto. Dejarlo para después o desecharlo por nimio que parezca, puede ser el principio de una bola de nieve que crecerá y crecerá hasta arrasarlo todo.

Por otra parte, Carrillo sostiene que hay casos que él llama "urgentes", que se dan, por ejemplo, cuando un miembro de la pareja siente que no es capaz de tomar decisiones sobre lo que pasa en casa y tampoco de hablar sobre ello con su pareja. Ese bloqueo puede ser fatal para la relación.

El factor económico

El dinero es uno de los aspectos que puede llegar a dañar una relación. Parece demasiado práctico, demasiado terrenal y como dice Nelly Rojas en su libro Qué nos une, qué nos separa, "hemos aprendido equivocadamente que una pareja donde hay amor y armonía no necesita hablar de dinero porque eso está definido implícitamente y en forma 'natural". El dinero es con frecuencia un tema muy sensible en la relación, aunque muy pocos suelen reconocerlo.

La forma como cada miembro de la pareja asume su actividad profesional o productiva puede separarlos: si no comparten información y no acuerdan sobre cómo distribuir los ingresos y sólo hablan del tema cuando hay cuentas por pagar, la relación puede irse a pique. Las parejas en las que es evidente la desigualdad en el manejo económico -por ejemplo, él paga las cuentas, los colegios, los impuestos, hace las inversiones sin consultar, etc.-, indican que también en la intimidad ellos son los que mandan y ellas las que obedecen. Por eso, si una inquietud de ella sobre el tema le causa molestia a él, esto es síntoma de que la relación necesita ayuda.

Es imposible establecer con precisión en qué momento una pareja debe buscar ayuda, pero es un hecho que la intuición permite detectar los síntomas a tiempo. "Si se consulta en forma oportuna y todavía existe afecto en la pareja, se pueden evitar divorcios -asegura Salamanca-. Los sentimientos se agotan en la medida en que se dejan avanzar los problemas". Las relaciones se construyen día a día y con el trabajo de los dos miembros de la pareja. Si por alguna razón algo falla, hay profesionales que pueden ayudar a cerrar la brecha siempre y cuando no sea demasiado tarde.

S.O.S.

Conservar el amor es un reto para la pareja, como los es también mantener el interés sexual, el erotismo y la pasión. La terapeuta sexual, Hellen Kaplan, advierte que no es conveniente dejar pasar el tiempo a sabiendas de que ha disminuido la frecuencia de las relaciones sexuales. En esta materia no hay tablas ni medidas que definan qué es o no normal, pues cada pareja es distinta. Sin embargo, si una pareja pasa más de ocho ó 10 meses sin tener contacto sexual es porque algo está funcionando mal. "La sexualidad se convierte a veces en un campo de batalla en donde convergen, se expresan y se agudizan los conflictos de poder entre los miembros de la pareja", dice la psicóloga Maria Consuelo Cárdenas de Santamaría en su libro Las relaciones de pareja. Por eso, cuando la sexualidad prácticamente desaparece, el consejo es no resignarse y buscar ayuda .

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