La Comunicación Familiar, Cómo influye en el individuo

El hogar es la primera escuela donde aprendemos a comunicarnos, desde niños, nuestras primeras formas de comunicación las recibimos por parte de gestos y sonidos que nos enseñan nuestros padres y hermanos mayores. Como por medio de señales nos damos ha entender lo que queremos, o indicamos la persona con quien queremos comunicarnos. Como las familias establecen formas de coordinación y comunicación para satisfacer las necesidades, y por lo tanto el bienestar de todos sus integrantes. Además, la forma de comunicación que tienen los miembros de una familia (hijos, padres, abuelos, tíos, sobrinos, etc), será el modelo en que los niños, que en ella, crecen aprendan una manera de pensar y emocionar.

De igual manera, la familia también tiene diferentes niveles de comunicación. Y de acuerdo a esto establece diferentes grupos que tienden a tener un cierto tipo de relación en su interior y con el otro grupo: nos referimos a los padres y los hijos. Al interior de cada uno de estos grupos existe una relación de igualdad. Esto es, los padres - ambos adultos - establecen una comunicación como padres entre ellos para ejercer mejor su función. A su vez, los hijos establecen una comunicación de hermanos, que les permite pasarlo bien, jugar y ejercer su rol de hijos frente a los padres.

En un nivel distinto de comunicación se encuentra la pareja que constituye un espacio exclusivo de los adultos y que no tiene que ver con la crianza de los hijos, ni con la manutención de la casa. La pareja existe en torno a la comunicación de ellos como amigos.

De acuerdo a lo anterior, cuando hablamos de comunicación en la familia, debemos distinguir a qué nivel de estos sub.-sistemas o grupos nos estamos refiriendo.
Además de su condición social y educativa, la familia es la responsable de ofrecer cuidado y protección a cada uno de sus miembros, asegurando la subsistencia en condiciones dignas. Entonces el núcleo familiar debe contribuir a la socialización de los hijos o hijas con relación a los valores socialmente aceptados, indispensables para el desarrollo y la adaptación humana en sociedad.

Los valores, actitudes y expectativas que de esta forma se transmiten, constituyen el llamado "currículum del hogar" o programa educativo en el hogar, que no está escrito (a diferencia del escolar) pero cuenta con objetivos, contenidos, "metodologías" que determinan la señal de identidad de cada familia, y que contribuyen a generar aprendizajes en sus miembros También hay que anotar que los valores son elementos centrales en el sistema de creencias de las personas y están relacionados con estados ideales de vida que responden a nuestras necesidades como seres humanos, proporcionándonos criterios para evaluar a los otros, y a los acontecimientos tanto como a nosotros mismos.

Los valores nos orientan en la vida, nos hacen comprender y estimar a los demás, pero también se relacionan con la imagen que vamos construyendo de forma propia y se relacionan con el sentimiento sobre nuestra competencia social. Para algunos autores los valores son representaciones cognitivas inherentes a tres formas de exigencia universal: las exigencias del organismo, las reglas sociales de interacción y las necesidades socio-institucionales que aseguran el bienestar y el mantenimiento del grupo.

De esa manera, que los sistemas de valores se organizan alrededor de tres dimensiones fundamentales

* El tipo de objetivo (trascendencia o beneficio personal; conservación o cambio).
* Los intereses subyacentes (individuales o colectivos).
* El dominio de la motivación (tradición, estimulación, seguridad). Las teorías implícitas que todos los padres tienen y que se relacionan con lo que los mismos piensan sobre cómo se hacen las cosas y por qué se hacen de tal o cual manera sirven de filtro en la educación en valores.



Entonces la familia es el instrumento donde se espera que tanto los hijos y las hijas toman en cuenta lo que se ve como deseable y valioso en la sociedad y propone un modelo que incluye sistemas para entender la realidad en la que están incluidas las familias. Este marco permite la lectura abierta de la educación en valores en otros contextos de socialización y aunque es muy cierto que la televisión, condiciona en parte los valores que son transmitidos desde la familia.
Entonces de cómo administren los padres los medios como la televisión, como eduquen a sus hijos en la lectura del lenguaje audiovisual
y en el espíritu crítico, de ello dependerá la educación en valores en general.

A pesar de que las reglas familiares son en general implícitas y provienen de las familias de origen y se transmiten de generación en generación, las reglas pueden funcionar como vehículos concretos de expresión de los valores, ya que en general responden a una determinada escala de valores, sea esta explícita o no. También pueden responder a la tradición y ser el principal obstáculo para el cambio, por lo tanto las reglas familiares constituyen indicadores comunicacionales por excelencia. A través de ellas se determina quién habla con quién, quién tiene derecho a qué, cómo se expresan los afectos, qué se penaliza, que se premia, a quién le corresponde hacer qué. Los límites entre lo que se puede y lo que no, colaboran para dar seguridad a los hijos.

Dichas reglas se fijan indudablemente para la convivencia familiar, y deben estar de acuerdo a los valores y normas que los guían. Estas reglas por lo general son definidas y aplicadas por los padres. En algunas familias, y de acuerdo a su estilo y valores, los padres permiten que los hijos participen en la discusión sobre cierto tipo de reglas (permisos, salidas, paseos, deberes en la casa, etc.). El que los hijos participen o no de estas decisiones dependerá de la forma que cada familia tenga de ejercer el poder en su interior (más democrático o autoritario).

Lo fundamental es que quienes velen por el cumplimiento de estas reglas estén de acuerdo y hayan definido dichas normas en conjunto. Esto permitirá ser consistentes a los padres, aumentando su credibilidad y eficacia para lograr que las reglas se cumplan. Una de las denominaciones que tiene el acto de fijar reglas es "rayar la cancha" a los hijos, y como se suele decir, este rayado debe hacerse de común acuerdo. Cuando los padres no logran acuerdo y tienden a discutir frente a los niños, o uno se alía con los hijos contra el otro, se tienden a generar problemas a nivel de la organización de la familia, que son difíciles de resolver (dictadura de los hijos, negación de la autoridad de uno de los padres, que dan origen a los habituales problemas conductuales en los hijos). Lo habitual es que los padres hagan uso de los castigos como forma de lograr que los hijos cumplan con las normas que se han fijado. En este sentido es necesario señalar que el uso del "costo de respuesta" (quitarles las cosas que les gustan frente a la trasgresión de las normas) brinda la mayor eficacia y eficiencia, como lo demuestran los estudiosos del tema, y que el premio y refuerzo (en forma contingente y estable) a las conductas deseadas es la forma más eficaz de lograr que se instauren nuevas formas de conducta en los hijos.

Hay que concluir que la comunicación familiar es el molde con que nuestros padres y hermanos (principalmente) nos preparan para desarrollarnos de manera positiva o negativa en el contexto social. Además, los valores que nos infrinjan desde nuestro nacimiento serán fundamentales para crecer con una personalidad buena y sana. Sin lugar a dudas, la familia es la base de la formación de los sujetos que en el mañana formarán eficazmente o no a toda sociedad.

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